Hay una tentación bastante común al desarrollar para WordPress: pensar que un plugin debe resolverlo todo, imponer su propia lógica y dejar el resto del sitio a su suerte. Es un error. Un buen plugin no compite con WordPress, ni con el tema, ni con el criterio del usuario. Hace su trabajo concreto, extendiendo lo existente aportando una funcionalidad.
Hace tiempo encontré un artículo de Daniel Auener que resume muy bien esta idea y que me ha servido de guía con tres reglas que, aunque parezcan obvias, siguen siendo necesarias porque demasiados plugins las ignoran.
Regla 1: No reinventes la interfaz de WordPress
Si el sistema ya ofrece componentes, patrones y formas de trabajo reconocibles, tiene poco sentido forzar al usuario a aprender una experiencia nueva. La familiaridad no es un detalle menor, hace que el uso del plugin resulte más intuitivo y fácil de usar. Aprende los patrones probados y adóptalos.
Regla 2: No quites control al theme
Demasiados plugins intentan decidir por encima de la capa visual, del diseño o de la estructura general del sitio. Eso genera fricción, rompe coherencia y obliga a pelearse con el plugin para conseguir algo tan básico como hacer que el resultado encaje con el proyecto. Un plugin útil aporta sin imponer decisiones de diseño que pertenecen al tema. Además, WordPress cada vez ha dejado más sencillo configurar varaibles de aspecto a nivel de instalación que pueden leer themes y plugins.
Regla 3: mantenlo simple
Para mi probablemente la más importante (y también la más ignorada). Hay una tendencia de los plugin «all-in-one», que dan muchas funcionalidades que, en realidad, el usuario no necesita. Al final acabamos con una colección de opciones, pantallas y ajustes que acaban complicando lo que pretendían simplificar. En WordPress eso se nota especialmente: cuanto más intenta un plugin abarcar, más probable es que termine generando dependencia, mantenimiento innecesario y problemas de usabilidad y rendimiento.
Por estas tres reglas prefiero instalar una serie de plugins, lo imprescindibles y, si es necesario, crear los míos propios. De esta manera estoy en control del sitio. En un ecosistema tan extendido como WordPress, hay mucha gente que ya se ha peleado con muchos problemas y no hay que reinventar la rueda, solo rodar con ella. Una interfaz que desentona, una opción que anula al tema, una función que añade complejidad sin necesidad pueden ser piedras en el camino.
Un plugin debería mejorar el sitio, no convertirlo en un campo de batalla entre capas que deberían cooperar. El control sobre nuestro WordPress no viene de plugins que cambian todo, sino de plugins que resuelven problemas concretos de manera óptima.